30 AÑOS EN ESCENA,celebrar lo imposible
Juan Carlos Piedrahita un periodista cultural de lujo, del periódico El Espectador, me propuso que escribiera un texto sobre los 30 años contando que empecé a celebrar con una temporada de 8 funciones en el teatro La Sala donde disfrute durante dos semanas de un recorrido emocionante por una parte de mi repertorio, no mas, este es el motivo de este texto mas emocional que sesudo sobre este aniversario vital. Lo publico aquí en una versión ligeramente distinta, mas reposada que la premura del periódico
CELEBRAR LO IMPOSIBLE
Apostarle a lo imposible
es tal vez el mejor obsequio de llevar 30 años en escena, de cuentera,
cuentacuentos o narradora oral. Éramos
imposibles al empezar. En su mayoría universitarios,
pero también actores, titiriteros, gente
que trabajaba para niños, motivados por cosas que hacíamos, buscábamos o
encontrábamos. Gente imposible que trajo
un hábito de regreso, trajo de
vuelta la costumbre de los cuentos, el acuerdo colectivo por la escucha, el silencio y la memoria; materiales delicados que con los bombazos de la guerra
había que preservar con un cuidado
constante. Fue así como algunas personas, nos dedicamos a construir con
las palabras, las emociones, las intenciones y
el riesgo, un mundo que en principio es invisible pero que se instala visiblemente en la imaginación del público. Desatamos amarras y
encendemos la proyección común e individual de la máquina de imaginar, con la
idea de compartir el mundo que el cuento nos brinda y desde allí experimentar vida, con tesoros innombrables,
regalos, perdidas y dolores, con la
magia compartida.
He podido andar el mundo
de la mano de las historias y he vivido experiencias inverosímiles menos
creíbles a veces, que las historias que
cuento. El padre vasco de una cuentera
estupenda, me dijo cuéntales mentiras y
te creerán pero la verdad no te la creerán. Me sorprende ver en ojos temerosos y ávidos de vértigo, la cuestión sobre la verdad de lo que
cuento y siempre lo recuerdo, tan
sabio.
Cómo no celebrar lo imposible, hace 30 años varias personas jóvenes en su mayoria universitarios, empezamos en la
universidad Javeriana a contar cuentos en la Plazoleta de Arquitectura, y dimos origen así, a un fenómeno
trascendental en la cultura del país,
no éramos los únicos había toda una línea dramatúrgica nacional basada
en los cuentos populares; así mismo, dos maestros del teatro colombiano que se
nutrían de la figura del juglar y el contador de cuentos sembraron la narración
oral en varias ciudades como actividad escénica habitual. La narración oral juvenil colombiana, de públicos jóvenes y
adultos se consolidó como un fenómeno cultural,
social y democrático. Llamó a
gente de todos los estratos y procedencias, no solo como ejecutantes sino como
público. Este fenómeno despertó trabajos de oralidad con animación de objetos, con
títeres, el stand up, que tenían una construcción oral significativa y central
en la redondez expresiva propia y que lograron encontrar un terreno
adecuado para instalar su
quehacer. Es curioso. La actual
dirección cultural de la Universidad Javeriana
se niega a celebrar los 30 años del
espacio de cuentería, han dado por afirmar que luego de 30 años no es de cuentería sino un espacio cultural-
que lo es pero esa fraseen este contexto
no es para bien-. Esas son
las miradas que borran la historia, las que de repente y sin preguntarse
nada ocupan un sitio. Han decidido
borrar no solo a los artistas enormes que han pasado allí sino al excepcional público
que ha situado a la Plazoleta de Arquitectura
como uno de los lugares
emblemáticos de talla internacional. Asi,
pero no sin rechistar, un lugar histórico
se desvanece cuando
ha sido otro su devenir. Curiosamente lo único que no ha faltado es
público. Estudio y observación, han sido
carencias de los intérpretes culturales, los programadores de los circuitos escénicos
y los eventos fundamentales en general. Decidí
celebrar este cumpleaños que no solo es mío
sino gremial, contando cuentos. Mostrar
de qué se trata y por qué existo, por qué existimos. Yo mujer imposible, viajo
por el mundo a vislumbrar los misterios
de la humildad, de la grandeza del ser humano y sobretodo del agradecimiento al
público, porque es su guía lo que nos sostiene. Recuerdo
los públicos con los que la vida me ha obsequiado, cómplices y sagaces, silenciosos que no mudos y generosos. Ahora en esta coyuntura
nacional cuando el debate es entre viva la vida o viva la
muerte me gusta ser parte de este bando de
artistas en entredicho que ha contribuido a cuidar un país. Artistas que
alimentan su capacidad de imaginar, su
confianza en la palabra, la conciencia de su poder, la escucha en armonía. Soy
parte de lo imposible. Me encontré, es
decir confirmé en carne propia que la cultura es muchísimo más amplia y ancha que la ciudad, que los magos de escena
no son necesariamente conscientes de
serlo, que un instante de eternidad logrado por
la imaginación recupera el alma hasta de los dolores más profundos.
Cuento para hacerle trampas a la muerte, para llevarme una extensa memoria de
la vida, cuando venga por mi creerá que se lleva una vida pero habré vivido muchas más, en los cuentos oídos
y contados, en los cuentos imaginados.
La experiencia de lo imposible por supuesto es difícil de relatar, no
debo ni puedo entrar en alta reflexión porque me puede pasar como al
equilibrista que en vez de encontrar el
peso se pone a calcular la densidad del
viento y la formula de la gravedad, hasta
desequilibrarse.
La promesa que hago
es el viaje con todos sus
recursos y sorpresas, con sus misterios
y riesgos, un viaje para explorar universos donde a modo de espejos y
telescopios abrimos la madeja de
nuestros propios anhelos.
Carolina Rueda Nieto agosto 2018
http://tinyurl.com/y9vwy54p
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