CUENTERA VIAJERA

Se miente más de la cuenta por falta de fantasía, también la verdad se inventa. Machado, en proverbios y cantares AGENDA CAROCUENTERA http://e1.calendar.yahoo.com/carocuentera

sábado, mayo 30, 2009

EL EXITO DE FRACASAR

Si algo tienen las putas de oficio, es que llevan en hombros la profesión con todos los fracasos. Fracasa el que las contrata al no ser capaz de conquistar esa compañía por sus propios medios, o al preferir contratarla; fracasan ellas porque raras veces ocurrirá lo que desean; fracasa la sociedad al no saber en donde poner este oficio milenario, existente y humano por definición, que nos acompaña desde el mismo principio.

Saber fracasar creo que es uno de los talentos que desarrollan el espíritu humano. Resulta curioso que empiece un texto sobre la vida del cuentero hablando de las putas; no dejará de asomar una risita maliciosa en los mayores detractores, y en algunos constructores también, pero si en algo somos putas todos los artistas, es en tener el fracaso siempre acechando en cada uno de nuestros actos y eso nos pone un cierto rictus en la boca, más o menos marcado, según si te enfrentas a una hoja en blanco, un lienzo, un escenario o un toro.
Hubo un torero experto en rechifla. Su principal característica, además de ser un torero monumental, era abandonar al público y al toro si no le venía en gracia algún detalle del animal; se sentaba en el estribo del burladero, y no lo toreaba, en aquellos momentos, cuando el público saltaba casi a su cara porque a eso venía, ¡a verlo! a ver su milagro, miraba el reloj de la plaza que podría ser como el reloj de Greenwich para el mundo hispano y se decía “a las siete, todo habrá terminao”

He realizado, junto a otros, una de las proezas de la modernidad, vivir de contar cuentos durante por lo menos 20 años en este mundo de la precisión y de los concretos. Desde que empecé a estudiar literatura y hacer teatro, recuerdo la frase de mi papa mijita va a estudiar para pobre, y cuando me dediqué a contar cuentos las miles de veces de o sea que usted ¿echa cuentos? Ó ¿se puede vivir de eso?

Cada vez que enfrento estos comentarios, me aboco a explicar que sí, que todos vivimos del cuento, lo que pasa es que los cuenteros lo confesamos. Si algo he aprendido de este oficio en toda su extensión es a fracasar. Por eso también me igualo un poco con las putas que se lo tienen que tomar cada día, a sorbitos. Los cuenteros somos actores que podemos subirnos al escenario muchas veces en un año, he realizado giras de 2 y 3 meses con 46 a 52 funciones de cuentería, y esto es un privilegio: al tener ese ritmo, logras una regularidad, una eficacia, que te enseña a vivir los fracasos en tu intimidad, a fracasar dignamente y sin tomatazos, a volverte todo terreno, y en pleno ejercicio de humildad. Practicar las artes escénicas, y la cuentería donde te mueves tú, no el público, de sitio en sitio, de ciudad en ciudad, de edad en edad; hace de cada actuación, un lugar de riesgo, una adaptación, un reconocimiento del otro como interlocutor.
Soy campeona en fracasos. A pesar de mi reconocida trayectoria también llevo un honorable “record” de fracasos: el fracaso de llevar una idea y encontrarte con el lenguaje equivocado, de querer contar algo que se tropieza en tu boca como si todavía no supiera caminar, de un aplauso pálido porque la comunicación no ocurrió, de una imagen que se derrumba por perder la palabra adecuada.
Y también el éxito, ése del logro, del rito. De la magia, de la comunión, del juego. Ya es un éxito subirte al escenario a ejercer tu oficio favorito y tener quien te quiera escuchar.

Sí, vivo de contar cuentos en este mundo, aunque parezca a algunos un oficio fracasado desde el principio, y tengan en el sentido del público masivo, toda la razón; y a otros, una cosa fácil porque solo es echar carreta, echar cuentos (verbo éste, echar que me disuena porque desconoce lo inefable de la palabra. Para quienes lo usan, se echa, (la palabra) como quien echa un polvo, como quien echa al novio, como quien echa esto a la basura). Este oficio y sus derivados me han permitido disfrutar de las mieles y las hieles de mi opción.

Ser cuentero puede significar subirte en escena cada dos días, trabajas con el cuento como un obrero, como un alfarero, como un artífice. Trabajas allí, en escena, con un público que se hace testigo de tus caminos, y te arriesgas -para no aburrirte- y a veces, fracasas, porque la búsqueda de los caminos lleva en su esencia, una brújula impredecible.
Una de las cosas hermosas de ser obrero, de trabajar en un oficio, radica en que como dice Primo Levi, el martillo es el mejor ingeniero; y con éxitos y con fracasos, vas puliendo el material y encuentras su verdadera forma. El fracaso es pan de todos los días cuando te mueves en el mundo de los oficios portátiles, en el lugar no convencional. He contado en todo tipo de sitios: minas de carbón, de petróleo, cafetales, ferias de pueblo, bibliotecas, ferias del libro, teatros, centros comunitarios, de salud, cárceles, tarimas, pasarelas de desfile, salas de casa, auditorios, calles, montañas, llanuras, consejos municipales, iglesias, cenas, parques, escaleras, bancas y así mismo, he oído.


Ahora, cuando escucho el tema de la competencia y las competencias, el mundo de los exactos, la carrera en pos del éxito, con marcos de referencia ideales para aplicar los instrumentos, cuando veo tantos temores a perder, tantas causas probando su validez, me pregunto, ¿por qué no entrar en una nueva mirada?, ¿a dónde nos ha llevado esta carrera loca, infinita, inacabada frustrante y sin causa? Porque finalmente, lo que noto en las causas exitosas es que no hay causa, la causa se diluye detrás de la propia competencia, en los objetivos y ejercicios prácticos fuera de la realidad, en marcos establecidos; Cómo artista -continúo- ¿qué he aprendido yo del arte para poder aportar en el mundo de las competencias, de las mediciones, de las predicciones? Mi aporte creo que es el arte de fracasar, el valor de entender que el riesgo se sustenta entonces en estos instrumentos ideales, pero su ejercicio es ya un éxito, el éxito de arriesgar, de atreverse, porque el fracaso existe como posibilidad, como posible resultado de la acción, el hacer, genera movimiento y esto provoca gustos y disgustos; y en ese ámbito , los artistas en una crisis como la actual - que no es nueva- somos los maestros de la osadía, los maestros de la esperanza, del valor, no por ilusos ni por desconocer el fracaso como opción, sino justamente por lo contrario, lo contemplamos como un posible resultado, un resultado más, que no entraña destrucción sino preguntas, lo que importa es el camino, el recorrido, la exploración.

En mi oficio, noto que el cuento busca sus lugares, va habitando dentro de ti, de pueblo en pueblo, de casa en casa, de sala en sala, te aprovecha para contarse. He conocido cuenteros aparatosos, cuenteros de palabras, musicales, danzarines, cada cual, según sus recursos y requisitos, construye el discurso escénico de la palabra; pero el oficio es efímero, variable, depende de muchos factores para que ocurra. Por tanto, tengas lo que tengas, hagas lo que hagas, juegues con lo que juegues, siempre podrás perder.

El fracaso esta ahí, viaja contigo en la maleta, algunas veces se queda en el hotel mientras haces la función, otras te acompaña como espectador y en terribles ocasiones como protagonista. Todos los artistas vivimos esta sensación, este acecho, y en tanto eso, construimos al borde del abismo, como el equilibrista en la cuerda floja, que tiene que cruzar porque el mundo se derrumba tras sus pasos como quien borra un cómic, y a veces con llegar del principio al fin, hizo suficiente.
Acumulo mis fracasos como la joya más preciada, sobre ellos mantengo estrecha vigilancia, observación, orgullo, cada fracaso me demuestra lo grande que ha sido el milagro cuando ocurrió, me enriquece el alma y me alimenta la humildad. Me hace libre, porque siempre está todo por ganar, porque finalmente ¿a quién le importa más que a ti, si volaste, caíste o sobreviviste? Si siempre estarás allí, buscando aquella historia incontable, aquella imagen imposible, aquella palabra inexistente.
El éxito de fracasar, entonces, es una práctica sobre el valor, sobre la osadía, sobre la humildad, te sitúa en el lugar de los iguales, de los responsables, de los caminantes. Eso es lo que me ha dado el oficio: terquedad y flexibilidad, exploración y abismos , caídas y hallazgos . Y nada ha sumado poco, cada salida a escena ha sido la experiencia, el aprendizaje, a ratos un sorbo de verdad, y a ratos de desengaño. En tanto eso, los oficios que prefiero son los que me hacen reír de los fracasos y de los éxitos con la misma alegría.

viernes, febrero 13, 2009

EL CONCRETO

foto tomada por Mon en Ecuador

los viajes me sorprenden por sus fronteras, entrar en el mundo de lo estable y establecido me descubre una forma de ver la vida muy distinta a la explorada, aprendo ahora a estar quieta y a mantener la continuidad ...!vaya vaya con el hilo de la historia!... es un asunto que me sorprende ver procesos de lo cotidiano que se describen de una manera distinta a mi mirada habitual, lo cotidiano en toda su expresión, la presencia, cosa complicada para un alma errante, estar todo el tiempo en el sitio que estás, la gran sabiduría de la vida y ahora aprendiéndola desde el lugar más habitual, entiendo el ritmo de la continuidad y me peleo con él 4 de cada 6 minutos, sin embargo esta pelea es como conocer a alguien como descubrirlo como habitarlo, discutes tus límites, pero curiosamente cuando identificas un límite viene como un paso delante de lo esperado , descubrirlo lo libera, lo precisa, lo vuelve escalón y no muralla, los escalones de tu resistencia, me resisto como los rebeldes sin causa, me resisto a cambiar el chip, estrecha como el más metódico de los idiotas, me descubro una idiotez voluntaria, llena de argumentos sensibleros y sobretodo temerosos, a que tememos de lo medible? es acaso que los bienes para el alma no pesan basicamente porque nosotros los que los producimos, creemos que no pesan?.



La agitación de la presencia, por lo menos en mi caso, me remueve como una licuadora, la cosa es que las frutas para el jugo son algunas suaves y conocidas pero la gran mayoría son nuevas requieren nuevas aspas para ser digeribles y el filo de esa navaja tambien es uno de los que hay que saber moldear.

la justa medida entre la comprension y los principios, la humildad segura, la duda metódica, y la independencia, conservar la distancia precisa con los hechos para saber como dicen los orientales que esto tambien pasará, las talanqueras del presente, los ganchos para la carpa; en escena y en ls toros siempre dicen encontrar tu sitio, o torear con sitio, es decir entender el viaje del toro y poder armonizarte con el; pienso en la palabra militar sitiar , lo que pasa es que en mi vida ahora, mas que ver con rodear al otro, tiene que ver con ensitarme encontrar el punto centro de operación asentar el lugar con visibilidad, poco riesgo en tanto peligro y movilidad.


jueves, septiembre 25, 2008

EL REGRESO DE CAPERUCITA



Dice Campanari que es mejor viajar en tren que en avión, sobre todo cuando vas a contar, porque llegas a la ciudad, y cuando llevás media hora contando, terminás de llegar a tu cuerpo. La velocidad del alma no se parece para nada a los 900 kilometros por hora, ella es más de caminos alternos, de atajos, un poco como una caperucita que voluntariamente necesita perderse en el bosque, y cuando llega con todo lo que trae, la cestita, el desconcierto y la alegría, se te enreda la función pues, porque la fiesta de encontrarte con tu alma siempre provoca más silencio, más sorpresa, más soledad, que ese encuentro acelerado de llegar cuando ya estás en tus oficios públicos.

La celebración del encuentro, la fuente que brota cuando brillan dentro de ti las luces, las chispas de los circuitos, todas fiestas de tu fiesta interior, formas de la alegría. Si algo tiene la vida o por lo menos la que me toca a mi experimentar, es nuestra facilidad para ausentarnos, para perdernos en el bosque y no contestar el llamado de la manada, pero cuando volvés, cuando aparecés por el borde, llena de arañazos de zarzas, de soles en la piel, de nuevas lenguas, y con la cestita llena de nuevos frutos, o vacia y ligera, agradecés tanto la partida como el regreso.

El bosque es espeso, sus claros han sido lugar de reposo, a ratos parece laberíntico, es como una isla verde, donde el exceso de seres vivos amenaza tu presencia, no me asustan tanto los lobos o los devoradores de carne, me amedrentan los carroñeros, su paciencia.

Al bosque se regresa pero trataré que esta vez el viaje sea completa, en tren y a la velocidad del alma que como ya dije se mide en episodios y aventuras y no en kilometros por hora.

lunes, septiembre 08, 2008

LO TUMULTUOSO DE LOS TIEMPOS





El termómetro resultó ser el detalle del caso policíaco que leí en estos días, estaba cubierto de moho, de desuso, pero seguía marcando la temperatura. Converso con Moisés y me encuentro con que el termómetro que llevamos nos coincide en la mirada, el mundo esta atosigado; me decía mi amigo Carlos, que hay dias en que tempestades de eones o iones negativos nos llegan del universo y esos días hay más choques, más accidentes, más asesinatos, estamos a nivel galáctico digo yo, en una tempestad de esas, porque el colectivo vibra de manera densa, las risas son un tanto opacas, los climas son nublados, el ser humano se cuestiona, todo el tiempo, y casi siempre sale perdiendo, pero en general se dan las cosas, los actos de creación suceden pero están teñidos de algo parecido a la tristeza. Recuerdo al taita Luis que aviso esta carga para mitad del año, la herida abierta del ser humano gime, se revuelve, incomoda, pica, y eso se siente en el alma de los tiempos.



Me acuerdo del cuento zen de "esto tambien pasará" o de "si es para bien o es para mal nadie lo sabe" La onda expansiva de este momento es tensa, hay como un ronroneo, unos chirridos, algun bufido, y mucha inquietud.



Pararse a mirarlo, al ser viajero de distintos caminos, te da una especie de serenidad, porque hay algo propio en esa inquietud pero tambien algo comun, colectivo, de alguna manera ajeno, que te da la distancia necesaria para decir... esto tambien pasará...

viernes, agosto 01, 2008

LOS RITOS

Los actos simbólicos suceden de una manera súbita, las ceremonias más fuertes las he vivido cuando el rito aparece como una necesidad, una realidad ineludible. Por un segundo parece que tu conexion, se ampliara, como si recibieras todas las frecuencias y fueses capaz de oirlas. Cuando lo propio y lo ajeno se definen pero no por propiedad sino por encuentro, cuando por un segundo, o una milésima, crees que todo se acomoda, se teje, se enlaza, cuando todo eso se conjunta surge el acto simbólico, un acto que se carga de sentidos, desde su misma instalación que sintetiza los pasos como un mapa de pirata, que define los tesoros, que ofrece una isla quieta para reposar y una partida pronta para conjurar la tentación. El símbolo pasa por nosotros como uan ráfaga, como un dios griego que nos posee y nos somete, se ejecuta, luego se lee, pero cuando estamos en él, como un torbellino nos arrastra en su ritmo, nos hilvana con certeza, nos amarra, nos teje, y luego nos abandona a la suerte de entenderlo, de aceptarlo, de experimentarlo

ZACATECAS



Un estallido en el estómago, unos grillos que aparecen en la orilla del estallido, una voz que se te graba en las células, una mirada que te enseña sobre la delicadeza, un placer compartido colectivamente como si la voluntad del sueño por alguna vez fuera realmente común. Unos caminos tortuosos. Un humor juguetón, ensortijado. Un público fiel, hambriento y generoso en su escucha, una familiaridad tan conocida desde todas las primeras veces, una voz que se desliza como las lenguas de fuego y permite que esa pequeña torre de babel sea posible con los acentos entrelazados por las miradas y la confianza. Es extraño volver a viajar donde no soy tan extranjera, donde me encuentro como unas maneras, unas formas, tan propias, tan fluidas, para mi costumbre, que no me exigen ningún cambio de código, que no me piden ningún diccionario de percepción, que no me brindan cierta soledad cultural, que se vive cuando se viaja por extranjeros muy extranjeros; no se, es bonito eso de percibir dos realidades, las dos formas del castellano las dos maneras de enamorar al otro; me acarició la palabra en Zacatecas, y mucho tiempo ha que la palabra no era tan carnal, tan colectiva, tan lugar, país, región, tan casa, tan cama, tan mesa. Oí un continente de palabras, oí un universo de lenguaje donde la vitalidad de los decires, articula un tejido imbricado, una urdimbre multicolor, políglota, universal, osada y valiente. Un tejido como leí en estos días, que muchos terremotos y catástrofes naturales y humanas se evitan gracias a los rezos de los monjes que con sus columnas de oración sostiene el cielo para que no se nos venga encima.
La América de cuentos en ejercicio, las voces confiadas, las razas políglotas.

domingo, junio 22, 2008

LAS VUELTAS







las vueltas en la cama, las vueltas del mercado, las vueltas de la vida, las vueltas a la casa, las vueltas y revueltas, vaya vaya! los regresos siempre contienen algo de bofetón, reencuentro contigo en un hilo de cotinuidad, vives en el diario, vuelves a saber que el diario tiene forma, horarios, luces, rutinas. Las rutinas provocan en los que las viven la sensación de prisión, de vida amarrada a un algo en que el evento que llena la rutina se torna baladí,soso, pobre, no liberador. La rutina para mi significa una cosa valiosísima, donde te encontrás en silencio con vos mismo, y no es aburrida la rutina, es aburrido que nos instalamos en ella para no pensar, y un día nos molesta porque eso de no pensar, cansa... pensar tambien pero es un cansancio distinto,un cansancio con emoción. Pero no importa nada: ni tus experiencias, ni tus ensoñaciones, ni nada porque el afán de instalación es lo que nos empuja en el pozo del aburrimiento. No niego que tener una porcion de instalación es necesario, por lo menos para mi lo es, pero la rutina tendría que aprenderse de otra manera, en mi trabajo lo rutinario es viajar, y eso tiene condiciones que no lo hacen tan ensoñado como suena: la maleta, los vestuarios, los climas, los acentos, los espacios, las edades, pero es una rutina, que se vive y se repite también, como las otras, como las que parecen estáticas y las que parecen moviles. Volver, o por lo menos esta vez en mi inicial, llevo un par de dias en mi casa, significa encajar, entrar en el sitio que has constuido para contenerte, para acogerte, para recoger contigo los cansancios que aun se llevan. Tu espacio, porque la energía es de tu espacio, de tus cosas, de tus alientos, las reflexiones de repente terminan de pasar a cuaderno de bitácora y dejan de ser una conversación o un tema, han terminado de acomodarse y se guardan dentro de los cajones de la experiencia y a ratos también en los de la memoria. Habría que definir dos tipos de reflexiones, las que te joden y las que no te joden, cuando tengo las que me joden, las miro , les dejo que hagan lo que tengan que hacer y las guardo en una bolsita con cremallera dentro de los cajones de la experiencia porque en los de memoria, las cosas que te joden, se repiten como un mal tema de radio.



las cortinas están ahí, asimismo el comedor y el sofá, los cds suenan a casa, y en la cocina las cosas siguen teniendo la cara de vividas, de usadas, y eso me recuerda apetitos y tranquilidad, tranquilidad alegre, seria tranquilidad.



sábado, junio 14, 2008

LAS VERDADERAS DIVAS


Parte del hallazgo en este viaje ha tenido que ver con la reflexión sobre el divismo, el divaje o la diva-gación. Muchas veces me enfrenté, en los sitios de mi vida, con la realidad de las divas y tambien con su trampa. Y ahora descubro cuándo me he armonizado y cuándo desacompasado con esta forma tan curiosa de estar en el mundo. Las verdaderas, las entrañables, tienen en su alma la experiencia del coloso, su existencia aporta tanto para el corazón propio como para el ajeno, una luz, un regalo de generosidad; las divas cuando brotan desde dentro, son extremadamente generosas, ligeras, divertidas, picantes, malosas; tienen una mirada que brota de la maravilla del vivir y con esto, no me refiero a que sean suaves, estar en su presencia te provoca un apetito constante, una conciencia de mundo ancho, ajeno y disponible, una noción de pequeñez, una incomodidad, una impotencia, una falta de bocas para probar, de ojos para ver. Una diva de verdad te da ganas de tener más de un corazón para vivir. En cambio, cuando te encuentras con las tramposas, con las falsas, con las pobres divitas de medio pelo, la mirada se te empobrece, se te queda apagada, te enfrentas al grito gratuito, a la vanidad del tacaño, la diva que brota de las poses cree que es diva de fuera para dentro, por eso no puedes verla sino a ella y como su nariz es lo más lejano que alcanza a percibir pues se agota y te agota, te desgasta y te entristece. La trampa que nos encierra en el mundo de las divas está plagada de tanta soledad, de tanta ignorancia, de tanta tacañería. A las tramposas, a las cobardes, que se imponen desde su vanidad, desde sus pretensiones, desde su pobreza de espíritu, tengo ganas de decirles mamarrachas, groseras, baratas, dan lástima y lastiman, dan pena y averguenzan, tienen poder, pero ese poder será efímero, vacío, perecedero, y risible, qué ridículo hacen con tan poco espíritu vistiéndose de oropel, insultando a los que sienten menos y luciendo una cáscara de fruta podrida porque el relleno que tienen es amargo cobarde y espeso.